Lunes, 03 de Octubre de 2011 16:15

Bicitaxis en La Habana vieja.
Emergieron en las calles de mi ciudad en esos años duros de la década del 90, y hasta cierto punto los asimilamos porque eran un supuesto paliativo para enfrentar las serias carencias de transporte público que padecíamos. Una urbe que no conocía esos artefactos tan abundantes sobre todo en metrópolis asiáticas.
Y aunque no tenemos muchos puntos en común con esas urbes y sus habitantes, todo parece indicar que los bici-taxis llegaron para quedarse. Puedo garantizarles que en esencia, los bici taxis habaneros como los asiáticos, son bicicletas especializadas para el transporte de dos pasajeros (además del conductor), con una cubierta ligera que proporciona una relativa protección para el sol y lluvias finas. Pero hasta ahí solamente: en otros muchos aspectos son radicalmente diferentes.
Empecemos por los conductores. Los nuestros tienen una locuacidad proverbial, no dejan de hablar mientras pedalean, de comentar sobre el estado del tiempo, la serie nacional de béisbol, o la última noticia. Y si usted es un turista, tendrá por el mismo precio un guía adicional que lo irá ilustrando sobre La Habana (pero cuidado, que muchos de ellos no nacieron precisamente en ella y solo conocen generalidades muy elementales), o le ofertará algún souvenir (más barato que en las tiendas, por supuesto).
Pasemos al equipamiento. Numerosos artefactos tienen radios o reproductores musicales y altavoces adicionados, para el gratuito disfrute (o disgusto) de los pasajeros, sobre todo por los altos niveles de audio que despliegan… pueden llegar a ser ensordecedores. Y aunque usted no lo crea, utilizan como fuente de energía, acumuladores de electricidad para autos.
Los conductores, hay que decirlo, se esmeran en la decoración de sus vehículos, ya sea en la pintura de la armazón, el tapizado de los asientos, o el remate de los manubrios. Por el estado de las vías y el peso a transportar, entre otras razones, la mayoría de los conductores sustituyeron los neumáticos convencionales de ciclos por neumáticos de motocicletas y hasta de autos pequeños.
Si después de describirles los triciclos habaneros se deciden a emprender una aventura en uno de ellos, comprobarán cuán diferentes son a los que pudieron haber visto o utilizado en Bombay o Hong Kong.





